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25.1.11

¿Cómo llega la inspiración?

Sobre la inspiración, lo mismo que sobre Dios, parece que nadie renuncia a opinar. Y unos opinan que existe y otros opinan que no. Para unos la inspiración es el trabajo, para otros, Dios es la Naturaleza, y así no hay modo de aclararse. De ahí que no sea extraño que algunos acaben recurriendo a la apuesta pascaliana. ¿Qué cuesta creer que existe la inspiración? Si no existe, no pasa nada; y si existe, despliega ante nosotros una panoplia de insospechadas posibilidades. Al fin y al cabo, un poeta no es un notario (ni un notario es un poeta, aunque puede haber –por dudoso que parezca– notarios poetas; pero lo que nunca habrá, por los siglos de los siglos, serán poetas notarios, por muy notorios que sean).

Así, pues, siguiendo a Pascal, decidió apostar por la inspiración. Vade retro a los agnosticismos tímidos que socavan el sentido de la realidad, vade, vade. Pero cuando decidió creer en la inspiración, se le planteó la primera duda: ¿y cuándo llega esa inspiración?

Una respuesta, entre las muchas posibles, pensó, es que la inspiración llega mientras uno duerme. Y lo normal entonces es no enterarse, a no ser que de tanto zumbar nos desvele. Esta noche, sin ir más lejos, la inspiración le despertó a las 4:44 (hora digital) de la madrugada. ¿Con qué excusa? El calor, que le anegaba en sudores, mal que le pese a enero. Sospechó que era la inspiración en el momento justo en que sintió que había algo que pugnaba por manifestarse –la inspiración es un poco comadrona–. Para no contrariarla, se levantó de la cama. Con sigilo, y a oscuras, llegó a su cuarto y anotó una pequeña historia. Le pareció ingeniosa, y dio gracias. Era apenas un esbozo, pero venía con título: “Lamentos de Sísifo”, y trataba de los lamentos de Sísifo por su aciago destino: condenado por sus malas artes a una obediencia eterna. Mañana, se dijo, cuando la inspiración sea un sueño, daré sentido a este esbozo. Parecía claro que la inspiración nunca llega limpia y sin adherencias espurias; incluso, a veces, solo inspira tonterías. Pero a pesar de todo, el apostaba por ella. ¿Qué perdía, incluso si lo que ganaba le parecía pírrico? De madrugada es difícil discernir entre lo que son tonterías y lo que no. Caprichosa es la noche y de extraña manera nos entrega las cosas. Si la noche desapareciera, los días morirían de hastío y sinrazón. Solo la noche nos devuelve el sosiego que roba el día. Tales eran algunas de sus reflexiones de madrugada. Por lo que hace a las tonterías, las justas, que diría Sísifo, cargado de razón.

Regresó a la cama con una libreta, encendió la tenue luz de la mesilla y se dispuso a dar cuenta de su encuentro con la inspiración.

¿Qué haces ahí? –inquirió una voz desde el otro lado de la cama.

Nada. Que me he despertado –contestó su voz.

(Y no pudo dejar de pensar en lo mucho que pecan de banales y tautológicos los diálogos que surgen en la alta noche.)

Se metió en la cama y comenzó a escribir: Sobre la inspiración, lo mismo que sobre Dios, parece que nadie renuncia a opinar…

7 comentarios:

Joselu dijo...

Sí, es cierto a veces se despierta uno, agitado, y se levanta al baño o a beber agua o sube al ordenador para relajarse o escribir algún jirón que se ha desprendido de un sueño. El día sin la noche, como bien dices, sería insoportable. ¿Y la inspiración? Un poco en todos lados, también en la noche.

Luis Valdesueiro dijo...

Como dices,Joselu, la inspiración puede estar en todas partes; aunque, sin duda, no en todo momento. Tal vez por eso se pueda hablar de "momentos privilegiados".
Un saludo.

Juan Poz dijo...

La inspiración, como yo la he experimentado, es siempre una epifanía. Ocurre en ausencia de nuestro control mental, pero no de nuestra capacidad expresiva: podemos expresarnos sin inspiración, pero la inspiración siempre se manifiesta a través de nuestra expresión. La inspiración sencillamente "se manifiesta", "es", y a uno le cuesta horrores y recorridos tortuosos saber como ex nihilo aparece "lo que es", y la mayoría de las veces con una presencia inmodificable. Juan Benet, creo, tiene un libro interesante sobre la inspiración y el estilo, pero apenas recuerdo nada de él.Y eso que la prosa ensayistica de Benet me parece de lo mejor. Y la autobiográfica.

Luis Valdesueiro dijo...

En ese libro (La inspiración y el estilo, Revista de Occidente, 1966), Benet dice, entre otras cosas: Solo después de 1850 la existencia de las fuentes de inspiración empezaron a ponerse en duda. En verdad, existen muy buenas razones para ello. ¿Acaso la psicología ha logrado desentrañar su naturaleza y deslindar su campo operativo? ¿Existe alguna prueba de esas comunicaciones directas? ¿Existe una diferencia radical entre esas comunicaciones y las aportaciones de un trabajo metódico?
Fin del capítulo.

Juan Poz dijo...

Siempre tan "en ingeniero", pero poco ingenioso, mi tocayo...

José Miguel Domínguez Leal dijo...

A veces la inspiración no te llega ni para escribir un comentario, querido Luis.
Saludos.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Me refería a mí, pardiez.
Saludos.

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