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15.11.10

Quejas y reproches

Verdad de Perogrullo: lo que a unos agrada, desagrada a otros. Unos ponen la bala y otros ponen la herida. Llegar a comprender esto ayuda a descifrar la dialéctica vital. Y así vemos que hay quien se queja sin motivo y  quien, pese a tenerlos todos, apenas se queja. Cada quien sigue su senda. Y tampoco falta, ¡ay!, quien se queja por todo, con motivo y sin motivo, porque en todo encuentra un motivo para la queja. ¡La queja! ¡La terrible queja! ¡El insufrible ánimo quejoso, su pegajosa contumacia! Pringosa queja que, elevada a al enésima potencia, condena al fracaso cualquier relación y acaba violando los sentimientos más nobles. ¿Quién tan manso que no rehúya al quejoso perpetuo y su narcisismo agreste?

Quienes convierten la queja en su modo de vida, reservan a sus interlocutores el papel de convidados de piedra. Y ¡ay! si osan expresar el más mínimo enojo: con más brío, si cabe, el quejoso despide nuevas quejas, remozadas quejas contra las pérfidas añagazas de la vida, contra los viles propósitos de fulano, contra las turbias maneras de mengano, contra el estado del mundo, contra el desasosiego de vivir, contra… contra… contra… A poco que se le conozca, el quejoso pertinaz invita a la huida. Nadie se merece ser vampirizado por él…

Afluente de la queja es el reproche. Si la queja apela a lo universal metafísico, el reproche se ciñe a lo particular cotidiano. Pero el reproche, a su manera, es también falta pertinaz y sinuosa que solivianta, de qué modo, a quien la sufre sin motivo. Quien es poseído por la furia del reproche, es incapaz de renunciar a él; y así, incordiando al prójimo, se olvida de la virtud que debiera adornar sus acciones.

Feliz quien no cede al vendaval de la queja ni al furor del reproche; feliz quien no es víctima ni verdugo, si ello es posible. Doblemente feliz en su felicidad impar.

3 comentarios:

Juan Poz dijo...

Lo más parecido al quejoso es el relator de enfermedades, cuya descripción mezcla a partes iguales la queja jobiana (¿Por qué a mí, Señor, que te soy fiel?)y el orgullo de saberse herido por mal singular, antiestadístico, aunque lo conduzca a la muerte. La queja tiene mala fama, pero sobre ella se han cimentado obras imprescindibles. El diminutivo "quejica" nos deslinda a la perfección la distancia abismal entre éste y el sombrío ser quejumbroso, cuya intensa vivencia del lamento tan cercana nos es a los trágicos de espíritu y cómicos de lengua. En cualquier caso, las quejas ajenas, aun desoídas, nos fortalecen; pero no estoy yo nuy seguro de que nos adviertan para no imitarlas, en los tiempos de la tribulación. Hay quejas, con todo, y quejíos, cuya "entidad" está fuera de dudas.

Luis Valdesueiro dijo...

A Job,pobre marioneta, con todo lo que pasó,quizá se le podría perdonar todo: quejas, reproches, imprecaciones e incluso blasfemias. Le sobraban razones. Y eso que no sospechaba la causa de sus desgracias.

Cheap Diablo 3 items dijo...

i enjoy your writing ,its so readable ,pleasurable and easy to read .. thx .

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