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8.11.10

El fracaso. [Un texto antiguo]

Álvaro de Campos lo declara con sencillez: «Soy el fracaso de lo que quise ser». Sucede a veces que el fracaso no consiste en lo que uno es, sino en lo que quiso ser. A veces queremos algo que no queremos, o que supera nuestro deseo de querer, algo que –lo confirma el fracaso- nos está negado… Lo curioso es que ni siquiera los pequeños éxitos nos curan del fracaso; sencillamente, porque consideramos que el éxito, cuando acontece, nos es debido, como si de nosotros dependiera incluso lo que no depende de nosotros, sea lo que sea; mientras que aceptamos, si lo aceptamos, a regañadientes el fracaso, como si nada tuviéramos que ver con él. A veces el éxito es otra forma del fracaso, aunque el fracaso sea siempre fracaso. Querer hacer del fracaso un éxito es como querer que el agua del mar no sea salada, aunque no sea imposible separar el agua y la sal. Indudablemente, Pessoa conocía el fracaso, y acaso ningún éxito fuera un éxito para él, ya que sus sueños de éxito no tenían límite, lo mismo que sus fracasos.

[Del Diario de sombras, 11/12/03]

3 comentarios:

Francisco M. Ortega Palomares dijo...

Todo éxito es un malentendido; todo fracaso una indagación.

Juan Poz dijo...

Es extraña la relación con el fracaso -que viene del lejano frangere, romperse algo; de igual modo que viene de él sufragio, por los golpes de las espadas contra los escudos para elegir a los antiguos caudillos-, porque no hay dos fracasos iguales y, por lo tanto, en ausencia de idónea vara de medir, resulta casi imposible valorarlos sin excederse o quedarse corto. Está uno tentado de decir que, cuando se ha experimentado el fracaso personalmente, no hay nada tan íntimo como él, ni tan incomunicable, porque no afecta tanto a la posible obra fallida cuanto a nosotros fallando, algo que puede volvérsenos insoportable. Lo cierto es que el fracaso no deja indiferente. Y lo paradójico, que hay que "saber" fracasar, lo que no es lo mismo que saberse fracasado, desde luego. Son juegos de palabras, sí, pero encubren heridas profundas y sin cicatrización posible. Lo doloroso del fracaso es, también, la incomprensión de los demás, casi más que nuestra impotencia frente a él. Puede hablarse de él como de nuestro otro yo, pero los fracasados sabemos que el fracaso es el usurpador del único yo en el que queremos reconocernos.

Luis Valdesueiro dijo...

¿Un malentendido, Francisco? Ya sé que es la forma canónica de verlo, pero no estoy seguro de que así sea.


Admirable comentario, Poz. Da que pensar. Un pequeño tratado sobre la materia. Gracias.

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