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30.10.10

El paseo

Para porfiar un poco con este tiempo lluvioso y autumnal, recupero un texto escrito en la ya lejana primavera.

Lo agradable de pasear es que no se va a ninguna parte, ni se obedece a razones. El paseo encuentra en sí mismo su fin. ¡Y qué dichoso resulta en parajes esquivos al ruido, los coches, el aire viciado de la urbe! Pero el paseo no sólo vive de ideales; siempre puede ser agradable, bajo cualquier circunstancia, a condición de que no se le impongan yugos. Cuando uno pasea, se percata de lo de fuera, los pequeños cambios, y de lo de dentro, la retahíla de ideas, recuerdos, imágenes, ocurrencias, divagaciones y etcétera que pululan por nuestro cerebro, y que como si fueran nubes -veloces o torponas- lo atraviesan sin orden ni concierto. Y nunca sabemos de antemano qué derroteros seguirán esos pensamientos que remedan flechas lanzadas al vacío: lo mismo que nos asalta un recuerdo de infancia, o que nos apremia un desasosiego reciente, podemos recuperar esa palabra que teníamos en la punta de la lengua y que no terminaba de surgir... Nosotros no llevamos el hilo de esa cometa: sigue su propio vuelo. Por eso, un paseo siempre sorprende, tanto si nos lleva a viejos rincones de la memoria como si nos recuerda esperanzas agostadas hace mucho o nos empuja hacia el tiempo no vivido...

Pero para poder hablar de paseo es preciso dejarse llevar por los pies. Sólo así podremos llegar a  sorprendernos de nosotros mismos, del mismo modo que nos sorprenden esos pensamientos que cruzan nuestra mente cuando, libre de apremios, ponemos la atención en ella. Los pensamientos, en el más amplio sentido cartesiano, siempre están ahí, y fluyen sin cesar, aunque no seamos conscientes de ello; lo mismo que nos sucede, por otra parte, con tantas cosas de la vida.

4 comentarios:

Yolanda dijo...

Qué tranquilo tu texto, qué ganas de salir a pasear incluso bajo la lluvia que nos ha sorprendido en vísperas de los Santos... ¡Me encanta! Si mañana salgo me acordaré de ti.
Un saludo.

Javier dijo...

Qué diferente es ir de paseo como gratamente sugieres, Luis, de manera voluntaria y aleatoria, que irse a paseo porque te lanzan, arrojan, echan o impelen, o qué sé yo, pero siempre con premeditación y alevosía.

Un abrazo.

Joselu dijo...

Me gusta salir de paseo por Barcelona, aunque raramente lo haga sin plan definido. Me atraen los encuentros que me cautivan la vista: una tienda que no conocía, una plazuela, una nueva perspectiva... En mis sueños aparecen muchas veces paseos por ciudades extrañas y que me resultan enigmáticos. Añado, pues, la dimensión onírica del paseo.

Luis Valdesueiro dijo...

Gracias, Yolanda, y espero que haya habido ocasión para ese paseo en estos días.

Irrefutable, Javier.

Viajar soñando... Tiene que ser agradable, Joselu. (Y genial si no hay que esperar colas para entrar en los museos... Disculpa la chanza: viajar me parece cada vez más un sinónimo de esperar...)

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