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1.10.10

¡Cierra los ojos!

Hay que cerrar los ojos para ver lo que se fue. (El recuerdo es ciego con los ojos abiertos.) Lo que vemos, apenas nos deja ver lo que queremos. Perdidos en el río del tiempo, miramos hacia atrás y divisamos con pena la nuca de los años muertos (con su gozo de días y sus muecas de dolor).

Con los ojos abiertos, el recuerdo es mudo, el recuerdo es ciego.

No basta mirar para ver. Si logramos ver con los ojos del alma (sea el alma lo que sea, miren los ojos lo que miren), entonces seremos capaces de atisbar lo que buscamos (esa savia dormida en las venas de los años).

El recuerdo no es abismo, es puente. Puente que nos lleva a los días desvencijados de antaño, a las desportilladas emociones, a los miedos leprosos, a las vanidades de siempre, a las esperanzas vírgenes, al pasado, en suma, ese pasado que lentamente inscribe, como una lluvia fina, realidades en nuestro cuerpo.

El pasado nunca vuelve, susurra la razón; el pasado está muerto, bisbisea el buen sentido. Y, sin embargo, el pasado no ha muerto en mí mientras yo viva. El pasado habita en mí, y soy yo ese pasado que surca mis venas y resiste en mi saliva; que alienta en mi sangre y amanece en mis uñas. Mientras me dure la vida (y si no me he muerto antes), mi pasado no ha muerto. Vivirá mientras yo viva y hasta que yo muera y sólo sea el eco invisible de la vida que fui.

No vuelve el pasado; no se ha ido, a la espera de acompañarme a la tumba (la tumba del olvido, que encierra en ataúdes las palabras, los silencios, los despojos; en ataúdes o en urnas plenas de ceniza —metáfora del todo  mudado en nada).

6 comentarios:

Joselu dijo...

Pienso que el pasado, evocado mediante el recuerdo, es una construcción mental, una pequeña obra artística en que la conciencia y el inconsciente selecciona una pequeña parcela de lo vivido para tejer un guión condicionado por el sabor que domina en nuestra vida: la dulzura, la acritud, la amargura, la sal de lo cómico... El pasado como tal no existe, sólo hay un cierto sentimiento de lo que pasó que no tiene nada que ver con lo que pasó en realidad (o muy poco), pero es suficiente para ser evocado como una película extraña especialmente cuando queda poco futuro. No soy un entusiasta del pasado. Hay mucho que lamentar y ya no tiene sentido.

zim dijo...

Es cierto: cerrar los ojos es la única forma de ver, de oir,... hasta de sentir, nuestro pasado, que, como bien dices, nunca muere mientras habite nuestras oquedades, mientras seamos capaces de rescatar sus retazos (¡a veces tan vívidos!) de la maraña que lo mezcla con nuestro presente.

Cargamos con presente y con pasado, unas veces a nuestro pesar, otras con júbilo, hasta que lo enterramos al tiempo que nos entierran ... y aun así, seremos pasado en el recuerdo de otros, para saborear una mínima inmortalidad.

El tuyo ha debido ser valioso, cuando así lo evocas. Un abrazo.

Javier dijo...

Pasado, futuro... se funden ahora en lo que somos. Nos construye y da forma, y, como dices, no se fue, sino que permanece. Justo ayer hablaba de esas cosas rememorando la niñez. ¡Cuánta nostalgia en tus palabras, cuáta vigencia y dolor, cuánta hermosura!

Un abrazo.

Juan Poz dijo...

Presentes sucesiones de presentes añejos somos, lo queramos o no. Convivir con el pasado es el único presente. Por eso nos sorprende el futuro, por eso es extraño a nuestro mundo: lo deseamos, a veces, otras lo tememos, pero es siempre algo radicalmente extraño, hasta que no se convierte en pasado. Crecer personalmente, sólo se crece hacia atrás, hacia el pasado, me parece a mí.

Carmen dijo...

" Se canta lo que se pierde" decía Antonio Machado.Y García Calvo creo recordar, también insistía: "Sólo de lo negado canta el hombre,/ sólo de lo perdido,/ sólo de la añoranza,/ siempre de lo mismo". La verdad es que el recuerdo es inherente a nosotros mismos, como el lenguaje que nos hace ser lo que somos. También creo que el pasado no muere mientras vivamos. A menudo vuelve a nosotros al margen de nuestra voluntad.
Un saludo.

Luis Valdesueiro dijo...

Muchas gracias a todos por vuestros esclarecedores comentarios. Hablan por sí mismos, y ahondan la experiencia ajena. Creo que fue un poeta romántico (inglés) quien dijo que "el niño es el padre del hombre". Ahuyentando cualquier determinismo, está uno tentado de creerlo...

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