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21.9.10

Ruinas

Las ruinas despiertan la nostalgia, avivan los recuerdos. Gracias a ellas intuimos lo que ya se fue, su fugaz arquitectura. Y, mientras una lágrima inunda el alma, la nostalgia paladea ausencias y la memoria sueña lo perdido. Pero a veces las ruinas tienen poco, o nada, que ver con piedras venerables. A veces hablan de nuestra propia vida, de todo aquello que el tiempo -señor de todo- ha desmoronado.
¿Quién no sintió alguna vez esas ruinas en su vida? ¿Quién no ha vivido los días de mísera tristeza en que la nostalgia y los recuerdos nos acribillan sin piedad?

9 comentarios:

Juan Poz dijo...

¿Nos "acribillan" o nos "criban"? No sé qué es peor...

zim dijo...

Para esos días de mísera tristeza sólo queda tal vez un consuelo: ellos mismos acabarán tarde o temprano por ser también un recuerdo.
Por otro lado, peor sea quizá no haber tenido nunca 'construcción' susceptible de ser arruinada.
Un abrazo.

Joselu dijo...

Recuerdo que hace muchos, muchos años mi padre me llevaba a un castillo derruido cerca de Zaragoza y siempre me recitaba el comienzo de la canción a las ruinas de Itálica de Rodrigo Caro. Aún recuerdo su entonación y el placer que le suscitaba esa percepción del Tempus fugit:

Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora
campos de soledad, mustio collado,
fueron un tiempo Itálica famosa.
Aquí de Cipión la vencedora
colonia fue; por tierra derribado
yace el temido honor de la espantosa
muralla, y lastimosa
reliquia es solamente
de su invencible gente.
Sólo quedan memorias funerales
donde erraron ya sombras de alto ejemplo
este llano fue plaza, allí fue templo;
de todo apenas quedan las señales.
Del gimnasio y las termas regaladas
leves vuelas cenizas desdichadas;
las torres que desprecio al aire fueron
a su gran pesadumbre se rindieron.
Este despedazado anfiteatro,
impío honor de los dioses, cuya afrenta
publica el amarillo jaramago,
ya reducido a trágico teatro,
¡oh fábula del tiempo, representa
cuánta fue su grandeza y es su estrago!

(...)

Javier Quiñones Pozuelo dijo...

Muy buena entrada, Luis. Lo dices muy certeramente en pocas palabras y lo cierras con esa interrogación retórica que es como una invitación a colaborar. Las ruinas son el sedimento de lo que fuimos en otro tiempo y ya hemos dejado de ser: unas veces nos hiere y otras nos consuela; siempre nos crea nostalgia, a veces, incómoda.
Un abrazo, Javier.

Luis Valdesueiro dijo...

Sí, quizá también nos criban, Poz, y nos ayudan a separar la ganga.


Todo se pasa, Zim, al menos eso decía la santa de Ávila. Y ese todo abarca todo, para bien y para mal: lo bueno y lo malo. De ahí el consuelo... y el desconsuelo.


Gracias, Joselu, por los versos de Rodrigo Caro, que me traen a la memoria (y no sólo por el nombre del interpelado) esa breve obra maestra que es la Epístola moral a Fabio, de Fernández de Andrada.


Gracias, Javier. De acuerdo con tu resumen, igualmente conciso.


Saludos.

Javier dijo...

Llego tarde y en camisa. Arruinado, casi... Aun así, permíteme señalar que lo ruinoso no siempre es fuente de recuerdo o melancolía, aunque sí de tristeza, como dices. ¿Será porque acaso comparta etimología con ruindad?

Un abrazo.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Junto a mi instituto hay un cementerio semiabandonado y en vías de desmantelación. Es la ruina negada a sí misma, carne de olvido forzoso junto a la vida apabullante.
Un abrazo.

Luis Valdesueiro dijo...

Interesante, Javier, lo que apuntas sobre la etimología compartida. Las etimologías (reales o inventadas) siempre dan mucho juego.


Un cementerio en extinción... Eso ya, José Miguel, es rizar el rizo.


Saludos.

Luis Valdesueiro dijo...

Según Rafael Sánchez Ferlosio, esto es lo que respondería Fabio a Rodrigo Caro:
Rodrigo, la hermosura de las ruinas que me cantas no está en el siempre odioso recuerdo de un imperio, sino en el gozo de ver reflorecido, sobre el cadáver de la bestia misma, el amarillo jaramago.
Así sea.

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