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19.6.10

Placidez

Hace justamente dos semanas escribía en mi libreta violácea...

Hay algo de insulso en la placidez. Está uno tranquilo, sosegado, gozando del frescor de la mañana bajo el parasol de un árbol, y se ve de pronto embargado por una sensación de gozo liviano y ataráxico. Y entonces descubre uno que no le falta nada, que nada le sobra, que siente y agradece ser lo que es. Incluso tiene la tentación de pensar, al leibniziano modo, que el mundo esta bien hecho (Jorge Guillén escribió una décima para corroborarlo). Pero no es eso, no es eso; se trata tan solo, y no es poco, de que ese momento es perfecto.
La placidez es uno de los peldaños en la escala de la armonía, quizás el más humilde, y por humilde, a veces desdeñado. Todo es reposo en la placidez: reposa la ambición, y reposa el deseo, y los sueños descansan felices. Y contemplamos la vida como si nunca pudiera defraudarnos, con esa profunda alegría que mana de las fuentes más secretas.
Tales momentos de placidez apenas duran un instante, pero ese instante dura una eternidad, incluso si a los diez minutos le hemos olvidado. Queda la sensación, lo sepamos o no; la sensación que nunca nos abandona, ni nosotros a ella. Porque somos cuanto vivimos, y la vida es un misterio sin fondo. Todo en ella es forma. 

*   *   *

Hoy, sentado en el mismo banco, y usando la misma libreta, hubiera podido escribir palabras muy diferentes, ya que no hay dos momentos iguales, y el ser que piensa siempre es distinto, aunque sea el mismo. ¿Quería decir Rimbaud algo similar cuando le arreó a su profesor, Georges Izambard, el Je est un autre (Yo es otro)? ¡Pero quién sabe lo que quería decir el mozalbete con esa frase tan venerada!

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LAS ESQUINAS DE LA NOCHE: nuevo poema.

 

4 comentarios:

Joselu dijo...

Ha habido tres o cuatro momentos en mi vida en que he sentido en plenitud la totalidad del instante... y no los puedo olvidar. En mi memoria tienen el sabor de la eternidad. Realmente es misterioso.

Un bellísimo post.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Intensas reflexiones, Luis, que concuerdan muy bien con tu poema "Las nieves de antaño".
Un abrazo.

Luis Valdesueiro dijo...

Esa misma es mi experiencia, Joselu.
Gracias.

Luis Valdesueiro dijo...

Esa concordancia que señalas, José Miguel, vendría a demostrar que el paso de los años no nos cambia tanto, al menos no en lo fundamental.
Un abrazo.

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