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14.6.10

Melancolía

Pocas palabras más eufónicas que la palabra melancolía. Si la paladeamos, descubre ante nosotros un edénico jardín, en el que no faltan animales torvos ni tercas sombras, pero en el que pujan árboles aguerridos y restallan los grititos fragantes de las rosas.

La melancolía sabe a ocaso, a rubor solar, a ingrávido dolor. La melancolía sabe, por ejemplo, a Novalis. Hay épocas más melancólicas que otras, aunque la melancolía es atributo de personas. Quizá por hundir sus raíces en la pura evanescencia, la melancolía añade misterio a la realidad más banal.

Hoy día la melancolía nos parece cosa del pasado, como el almizcle, acaso por la parsimonia que parece emanar de ella. Ya se acabaron los melancólicos; hoy abundan los deprimidos. Y basta detenerse en este vocablo para atisbar las terribles simas en que puede caer el ser humano. Si el melancólico levitaba en su melancolía, el deprimido agoniza en su nada, como quien ha perdido la llave de su ser. Mientras sufre, el melancólico sueña; al deprimido le añade dolor verse sufrir. Si al melancólico le embalsama la paciencia, al deprimido le corroe la prisa, deseoso de que se atropellen los días, de que cuanto antes resucite su marchito ser.

Algunas palabras parecen tener alma. Y la palabra melancolía es una de ellas. Voraces palabras, a veces, por lo que nombran; benditas, por cómo suenan. Y no es baladí cómo suenen las palabras. Hay sonidos que alientan estigmas. Tal vez por eso, mientras el melancólico vive su melancolía, el deprimido muere su depresión. Aunque siempre es posible volver a lo que fuimos, nacer a lo que seremos.

Alain escribió que sólo podía decirle una cosa al melancólico: “Mira a lo lejos”. Para el filósofo galo, el melancólico suele ser alguien que lee demasiado.

Pero una duda me ronda: ¿qué le diría Alain al deprimido?

4 comentarios:

Javier dijo...

Cuando la terminología filosófica se torna lenguaje médico se desposee a las palabras del halo de ensoñamiento de que disfrutaban. Uno, que siempre fue melancólico, ahora padece depresión distímica. ¿Cómo luhcar contra eso? Si una sola pastilla encierra el poder sanador de mil lecturas a la luz mortecina de cualquier vela... ¿cómo renunciar a la modernidad?

Aun así, lucho.

Un abrazo.

Luis Valdesueiro dijo...

Luchar: sí, Javier, tal vez ese sea el verdadero termómetro vital. Seguir en la brega.
Un abrazo.

Joselu dijo...

¡Qué hermosa la palabra "melancolía"! Leo y releo a Rosalía de Castro y su tristeza, su saudade, su melancolía me iluminan más que cien libros de autoayuda que me quieren convencer de que no me han robado mi queso. El fin de siglo decimonónico fue decadentista, pero ello alumbró bellísimas obras y reflexiones no igualadas porque perseguían un ideal de belleza no burguesa. Tal vez los melancólicos de hoy también busquemos otro tipo de belleza no mediática y publicitaria. Hemos de pensar sobre ello.

Luis Valdesueiro dijo...

Yo también creo, Joselu, que nuestra realidad es lunar, y tenemos que aprender a convivir con nuestra sombra, ya que forma parte de nuestro ser. En cuanto al tema de la autoayuda (en general), es muy necesario cuidarse de los mercachifles que venden paraísos sin serpiente o rosas sin espinas.
Un abrazo.

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