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1.6.10

Las palabras sabias

En algunas palabras el sentido copula con el rumor de sus sílabas.

Palabras como abulia, que declara el peso de la nada; o nostalgia, cuyo íntimo pellizco nos aleja del ahora; o desidia, que rapta los sentidos; o melancolía, lluvia en el corazón.

Exalta la palabra júbilo, enciende la palabra deseo y aquieta la palabra gozo.

¿Quién se resiste al fuego hondo del vocablo amor?, ¿quién no empuña en ocasión aciaga un grito de venganza?

¿A quien no hieren las voces de odio, turbio puñal?

¿Acaso no rezuma dolor la palabra dolor?

¿Quién no se siente perdido ante una lágrima, húmeda voz silente?

Tales palabras (y otras muchas) impresionan y subyugan, no sólo en razón de su música; de su sentido también. Música y sentido  tejen entreveradas razones, que no siempre lo son. El azar (que da nombre a lo que no lo tiene) unió palabras y cosas a su manera, arbitraria, distraída; lo que quizá explique la ojeriza que se tienen palabras de parejo significado. Si el tedio resulta dulce, melodioso, estival, paciente, el aburrimiento lanza gritos negros contra el tiempo, y no halla sosiego, cruel invierno. El tiempo del aburrimiento se hunde en la nada; el tiempo del tedio se distrae en sí mismo, suavemente, como si levitara.

Ah, pero ¿a quién no le supura la palabra hastío?

1 comentario:

Javier dijo...

Palabras plenas que nos asustan, "miedo", "conocimiento"... Otras hueras en su infinita vigencia, "estupidez", "ambición"... Palabras, sólo palabras...

Un abrazo.

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