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11.5.10

El infierno

El Bosco

Que el infierno queda de este lado del mundo es una opinión poco o nada novedosa. El mundo es el infierno, proclama Schopenhauer; el infierno son los otros, replica un personaje de Sartre. El mundo... los otros... ¡El infierno! Y cada quien es muy libre de pensar que nada añade al infierno de los demás. En este infierno, como en todas las cosas, impera un orden, aunque no siempre sea fácil vislumbrarlo. ¿Y qué orden es ése que rige en nuestro infierno? Schopenhauer lo tenía claro: dividía a los hombres en almas atormentadas y en diablos atormentadores. La propuesta peca de simple: alguien que atormenta, alguien que es atormentado. Y así siempre. ¡Huf!, demasiado sencillo. Quizá sea más cierto que, dentro de la amplia gama de maldad posible, todos atormentamos y todos somos atormentados, con exclusión, casi siempre, de la reciprocidad, ya que es raro que atormentemos a quien nos atormenta y que seamos atormentados por aquel a quien atormentamos. La maldad, cómoda y cobarde, siempre acaban fustigando al débil. Pero ni todos somos débiles ante todos los demás, ni fuertes. La maldad del débil también hallará un desgraciado en quien ejercitarse, ¿o no? En cualquier caso, la ética (o su ausencia) no suele ser circular. De nosotros depende obrar bien u obrar mal (sea lo que sea, en cada momento, ese obrar), pero las secuelas de nuestros actos ya no dependen de nosotros, van más allá de nuestra libertad. Por eso, a veces sucede que queriendo hacer el bien hacemos el mal.

2 comentarios:

Juan Poz dijo...

Y luego estamos los autoflagelantes, que nos lo pasamos en grande torturándonos, y cuanto más nos duele más hurgamos en la herida, en una suerte de ouroboros demencial: ¡Ah, el placer infinito del autodenuesto inmisericorde! Lo esencial del procedimiento es que no es un simulacro y que se sufren las carencias, aunque se disfrute del castigo.

Luis Valdesueiro dijo...

Los caminos del dolor y del placer son innumerables, qué duda cabe. (Ni siquiera falta quien saca placer del dolor.) Acaso cada uno de nosotros lleva un infierno en su cabeza, quién sabe.

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