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6.4.10

Esperanzas locas

Muchas esperanzas, si no todas, son esperanzas locas. Y, pese a su locura, esperamos que se cumplan. Creemos en ellas, más allá de la sensatez, más allá de la sinrazón. Y si no se cumplen, acaso nos sentimos redimidos por haberlas creído posibles: la creencia las ponía al alcance de la mano y diluía la congoja; las volvía posibles, aunque esa posibilidad fuera, desde un principio, una ilusión. Pero como nunca sabemos de antemano en qué acabará todo cuanto es posible, debemos esperar incluso lo imposible, ya que el futuro no se deja adivinar. (De ahí que pueda haber locuras razonables y corduras insensatas.) Pero al final, el tiempo enseña sus cartas y deshace el nudo de la espera, a favor o en contra de la esperanza. Pero mientras estamos en sus manos, nos embarga la sensación de que no hacemos pie en el suelo de los días, por vivir entre la esperanza de lo imposible y el temor a que incluso lo posible no lo sea.

(Del Diario de sombras. Domingo, 23/11/03)

3 comentarios:

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Muy lograda esa imagen de no hacer pie en el suelo de los días.
Un abrazo.

Javier Quiñones Pozuelo dijo...

Con el paso de los años siente uno que las esperanzas menguan y que la posibilidad de que se conviertan alguna vez en algo real ni siquiera nos redime ya. Hay que agarrarse a lo que se hace, porque sólo lo que se hace cuenta. Si la esperanza no se concreta, no se hace tangible en algo, se diluye en la nada, en la extrañeza de lo que pudo haber sido y no fue.
Soberbia entrada, Luis. Y estoy muy de acuerdo con la observación certera de José Miguel.
Un abrazo, Javier.

Luis Valdesueiro dijo...

Muchas gracias, José Miguel.
Gracias también a ti Javier.
Vuestra generosidad las merece.
Un abrazo.

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