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2.3.10

Historias de abajo

¡Toc! Parecía que llamaran a la puerta. Y no había puerta a la que llamar.
¡Toc! Y runrún de voces.
¡Toc! Y palabras inaudibles.
¡Toc! ¡Una ayuda, por favor!
Sonaba a salmodia aprendida en lengua extraña. Una mujer, vieja sin edad, encorvada, descalza; el velo negro oculta su cabeza y envuelve su cuello; la falda larguísima roza el suelo. La buena mujer, doblada, se apoya en una muleta: ¡Toc! Avanza lentamente por el vagón del metro, despertando idéntica emoción -y la respiración contenida- que un trapecista. Tan frágil parece, que en cualquier momento pudiera desplomarse, piensa uno; o piensan muchos.
¡Toc! ¡Una ayuda, por favor!
Nadie se mueve. Los pasajeros somos piedras. Piedras de dolor, piedras. ¡Toc!
_______________________
Hace un año (y dos días)...
JOSEPH JOUBERT O EL PENSAMIENTO ALADO [Aforismos]

6 comentarios:

Joselu dijo...

¡Qué sensación de impotencia en semejante situación! ¡Qué desasosiego contemplar el dolor y la pobreza en directo! Nos apunta directamente a la sien o a nuestros sentimientos. ¡Qué hacer?
No lo sé. No me quedo tranquilo ni dándole una ayuda (¡vaya forma de tranquilizar mi conciencia!) ni mirando a otro lado e intentando olvidar rápidamente.

Javier dijo...

Desgraciadamente para la mujer esta historia es real, aunque para nosotros sólo suceda "al lado". Tanto nos da que lo asumimos como cotidiano, como mal endémico que nuestra sociedad insensible es incapaz de solucionar pero tampoco de asimilar, pues de tarde en tarde se nos enciende una débil lucecita que rápidamente se apaga tras dormir mejor esa noche de limosna, cuando lo que la mujer reclama sin duda desde sus ojos glaucos es justicia.

Decididamente, no hace falta que vayamos hasta Haití...

Un abrazo.

Luis Valdesueiro dijo...

Son muchos sentimientos, Joselu, los que se experimentan. Pero mi experiencia, por lo que veo y por lo que siento, es que esos sentimientos y emociones, más que mover, petrifican.

Luis Valdesueiro dijo...

No estoy seguro, Javier, de que para nosotros no sea real y muy real, aunque se trate de una realidad distinta. Pero es una realidad que nos interpela (y acaso nos enmudece); igual que nos interpelan esas personas, víctimas de una catástrofe, a las que vemos en televisión hablar de cuando ellas veían por televisión situaciones semejantes.
Saludos.

Juan Poz dijo...

Entre los aforismos rescatados de la Biblia hay uno que me ha confortado siempre: dale limosna al pobre, que se la gaste en vino y que le sirva de consuelo. Es muy distinto el planteamiento de la represiva caridad católica que yo he oído: ¿Para qué le vas a dar, para que se lo gaste en vino? Pues sí. En cuanto al planteamiento general, me atengo al latinismo jurídico: in dubia, pro reo. Y doy, claro. Pero si no quiero dar, no doy. Y entonces me digo que cada uno escribe su propia historia, y que en ella no entra, el capítulo de mi dar, ese día, pero sí quizá al otro o al de más alla. Alibi siempre hay para que nos sea leve, el mal trago.

Luis Valdesueiro dijo...

Planteado así, el problema es un problema de decisión "individual": dar o no dar (y si se da, olvidar que se ha dado). Pero creo que más allá de ese dilema permanece el hecho lacerante de ciertos estados de postración en los que cae el ser humano.

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