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9.2.10

El libro que lee Hamlet

Hamlet lee un libro. Polonio, el padre de Ofelia, le interpela; y charlan durante un rato. Hamlet, herido de amor, discurre de manera harto extraña. "Está ido, ido", dice Polonio, en un aparte -servidumbres del teatro- para que se oiga su pensamiento.
Polonio inquiere al príncipe: ¿Qué leéis, señor? Y Hamlet contesta con las famosas palabras, que son una: Palabras, palabras, palabras. Pero Polonio, que no se deja impresionar (él no es un espectador, y ni siquiera un lector de Hamlet), arremete contra las evasivas palabras: 

-¿De qué tratan, señor?
-¿Tratan, quién?
-Quiero decir lo que leéis.
Y entonces Hamlet desgrana el contenido del libro, un libro acaso tan ficticio como el mismo Hamlet, o tan misterioso como el mismo Shakespeare. O acaso no. Los eruditos tienen la palabra.  

Y Hamlet cuenta algo que sorprende inevitablemente a Polonio, y que por la misma razón puede sorprender al lector (o al espectador):
-Son calumnias, pues el satírico granuja dice aquí que los viejos tienen la barba cana, la cara llena de arrugas, los ojos segregando resina o savia de ciruelo, y que andan escasos de juicio y flojos de muslos.
¿Calumnias? ¡Qué curioso! Y prosigue el príncipe:
-Todo lo cual, señor, aunque lo creo con firmeza y entereza, no me parece correcto escribirlo así.
¿Hamlet censor? ¡Qué curioso!
Y el príncipe -que, según Baroja, se anula cuando discurre- da otra vuelta de tuerca:
-Vos mismo os volveríais de mi edad si pudierais andar para atrás como un cangrejo.
Polonio,  en un aparte, declara:
-Será locura, pero con lógica.
Poco después, impresionado aún por la actitud de Hamlet, Polonio se vuelve aforista:
-La locura acierta a veces cuando el juicio y la cordura no dan fruto.
Tras este curioso diálogo, cabe preguntarse, en particular, qué libro lee Hamlet y, en general, qué palabras se agazapan detrás de las palabras, porque tras cada palabra hay una legión de palabras.

***

(Citas de Hamlet según la traducción de Ángel-Luis
Pujante. Espasa, colección Austral.)

1 comentario:

Juan Poz dijo...

Lee un libro en blanco que él rellena a voluntad y en función de las circunstancias; lee el único que le interesa, el que él escribiría, el que de hecho escribe, aunque sea brevemente, y resume con tanto ardor lacónico.

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