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26.1.10

Una anécdota de Proust


La anécdota, que parece un chiste,  la cuenta Jean Cocteau en Opio. Cuando iba a dar la consabida propina al portero del Ritz, Proust se dio cuenta de que no llevaba dinero encima. "¿Puede usted prestarme cincuenta francos?", preguntó al portero. "Ahora mismo, señor Proust." "Pues quédese con ellos, porque eran para usted."

Al día siguiente, aclara Cocteau, el portero recibió el triple de esa cantidad. El novelista pagaba con creces sus olvidos.

3 comentarios:

Joselu dijo...

Así eran los antiguos caballeros.

zim dijo...

Me pregunto si lo mismo hubiera podido ocurrir si, en lugar del hotel Ritz, se hubiera tratado del hotel Antúnez, y en lugar del Sr. Proust, el generoso olvidadizo hubiese sido el Sr. Ceferino Pacheco.¿Cuál hubiese sido la actitud del portero?
En fin, no es por sacarle punta. Me ha gustado la anécdota. Pero es que ¡hay tantos mundos paralelos que por mucho que se prolonguen nunca se juntarán ....!
Saludos.

Juan Poz dijo...

Al hilo de esa anécdota cuuento otra. Visitábamos en Oña el mausoleo de ciertos reyes y nos guió la visita un cicerone jovencísimo que nos "dictó" un auténtico curso sobre la esquilmación napoleónica de nuestro patrimonio cultural. Le dimos propina, sí, pero después, a más de 50 kilómetros en nuestro hotel, por la noche, no dejábamos de darle vueltas a la idea torturante que había sido un rácano. Solución: cogí el teléfono, me informé y, al día siguiente, volaba un sobre con un billete de 25 pesetas, hacia el seguramente sorprendido cicerone. Aun así, siempre me reprocharé no haber sabido estar a la altura del entusiasmo de aquel joven cicerone, quien, incluso, fuue reacio a aceptar la propina.

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