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8.1.10

¿Qué significan las palabras?




-Cuando yo empleo una palabra -insistió Tentetieso/Humpty Dumpty en tono desdeñoso- significa lo que yo quiero que signifique..., ¡ni más ni menos!
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La cuestión está en saber -objetó Alicia- si usted puede conseguir que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.
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La cuestión está en saber -declaró Tentetieso- quién manda aquí... ¡si ellas o yo!
(Lewis Carroll, A Través del Espejo y lo que Alicia encontró allí. Edición de Manuel Garrido, traducción de Ramón Buckley. Cátedra, Madrid, 1992.)

Humpty Dumpty bien pudiera ser el patrón de todos los tiranos que en el mundo han sido (o son, o serán...). Pues quien sojuzga las palabras, puede acabar gobernando las conciencias; quien tiene el poder de negar la realidad, impone su significado a las palabras, con lo que se vuelve imprescindible traducir las frases del propio idioma. De ese modo, cualquier realidad, por ríspida y horrísona que sea, se vuelve amable y plácida. Las palabras de la mentira son más consoladoras que las palabras de la verdad, aunque hayan sido vaciadas, o tal vez por eso, de su esencia.   
Victor Klemperer analizó el lenguaje del Tercer Reich en su LTI  (Lingua Tertium Imperii) y en su diario.  Klemperer no salía de su asombro al ver cómo día a día las expresiones se vaciaban de su sentido original y la lengua común se volvía un campo de incertezas. La finalidad no era otra que erigir una nueva realidad sobre la cruda realidad de todos los días. Las palabras pasaban de ese modo a significar lo que el poder quería que significaran. La significados bastardos trastrocaban la realidad.  ¿Propaganda? ¡Más que propaganda, ya que es omnipresente, lo envuelve todo! De ese modo, al negarnos la distancia necesaria para encarar la realidad, nos obliga a aceptar lo más extraño como si fuera lo más natural. 
La barbarie, inoculada con tiento, alarma menos; y acaba convirtiéndonos, sin nosotros saberlo, o sin querer saberlo, en figurantes de aquelarres a los que acaso nos creíamos ajenos. Terribles momentos en que una sociedad se vuelve loca -ebria de soflamas y deseos homicidas-, terribles momentos en que la lucidez se vuelve un trasunto del suicidio.

3 comentarios:

Yolanda dijo...

Las palabras siempre han tenido un inmenso poder, por eso hay que saber utilizarlas. Los que saben y quieren engañar dan la vuelta a la verdad utilizando las palabras adecuadas, o emplean argumentos torticeros, o acomodan los vocablos a "su" verdad. Los grandes oradores se distiguen por eso, pero es una especie en extinción. Sólo escuchamos verborrea, gritos, naderías, apenas nada de valor. Las palabras son las mismas, están ahí, como siempre, pero se las han apropiado los más hábiles sinvergüenzas. Por eso hay que leer a los buenos autores y por eso es un placer visitar tantos blogs cargados de sentido y de verdad con una calidad inestimable.
Un saludo.

Juan Poz dijo...

Me voy por la tangente, pero "Tentetieso" debería de haberse traducido por "dominguillo", que es ese juguete en forma ovoide, hueco, con un peso en la base, que se inclina hacia cualquier lado y vuelve siempre a la misma posición vertical.
Por otro lado, en territorios donde el nacionalismo trata de imponerse de forma avasalladora, como en Cataluña o en Vasconia, se sigue al pie de la letra el proceso léxico que Klemperer denunciaba en la alemania nazi. La intolerancia no tiene patria, pero todas las patrias surgen de ella.

Aaoiue dijo...

Yo creo que Carroll iba aún mucho más lejos porque en realidad estaba señalando un principio de la lingüística moderna y científica: que el significado de las palabras es una pura convención y no algo parecido a una "revelación". Y sin embargo hay quien aún está en un estadio pre-Alicia o pre-Saussure y sigue buscando el significado de las palabras en los diccionarios como si fueran un código civil. O se piensan que las lenguas se hacen a golpe de decreto-ley.

Algunas minorías lingüísticas, como las que dice Juan tan acertadamente, son muy prescriptivistas, están mucho por la norma, incluso por las de reciente creación. Y lo sorprendente de todo es que las muchedumbres las siguen. Que este es un tema que interesaba mucho a Carroll lo demuestra el hecho de que la reina de corazones también es una maníaca de darle a las palabras el significado que ella ha decidido que es el correcto.
Un tema muy muy interesante, Luis.

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