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22.1.10

Vallejo: Una broma poética



En 1926, cuatro años después de la aparición del insólito Trilce, César Vallejo editó en París, en colaboración con Juan Larrea, una revista de poesía: Favorables París Poema. Sólo se publicaron dos números, con fecha de julio y octubre.  La presentación de la revista, titulada "Presupuesto vital", corrió a cargo de Larrea, que empezaba así su artículo, con una prosa de pedernal:
En lealtad sólo hay un modo de ser, el modo de la pasión. Allí es donde se cuece el pan, el hueso y la azulejería de la vida. Guerrero oficio de existencia, -¡oh la inodora paz! a todos, expontánea (sic) y felizmente, se nos va día a día entre el humo de la hoguera y cada nueva noche nos sorprende teñidas de corazón las manos.
Y concluía Larrea el artículo de la siguiente manera:
Véase que no presento una estética entre las numerosas que cualquier espíritu puede formular dando una pequeña vuelta filosófica alrededor de las cosas. Nuestra literatura no es ni literatura, es pasión y vitavirilidad por los cuatro costados.
En consecuencia Vallejo y yo presentamos aquí diversas obras imperfectas por muy diversos estilos pero coincidentes en más de un punto esencial: en su actualidad, su pasión íntima y su orientación al conocimiento. Aún no son quizá bastante imperfectas, pero confiamos poder dentro de poco mostraros otras que lo sean mucho más.

En la revista se publicaron, además de algunos textos en prosa, poemas de Diego, Tzara, Huidobro, Neruda, Reverdy, Ribemont Dessaignes, el escultor Apeles Fenosa, Antonio Riquelme, y por supuesto Larrea y Vallejo.
En el segundo número, y último, aparte de unos cuantos aforismos, Vallejo publicó el siguiente poema:

ES LO CONTRARIO DE LO QUE QUIERO DECIR

Este mármol no es escultura
Y este cuadro no es pintura
Igual a:
Este señor no es un hombre
Ya está
Ya está
Se acabó.

 CÉSAR VALLEJO
Pareciera que Vallejo abandona las honduras de su angustia, esa lucha feroz con las palabras para exorcizar su dolor, el metafísico desgarro que siembra de negruras su existencia. Pareciera que Vallejo se entrega a la poesía de gabinete, juguetona, pulida y plana. Pero cada uno escribe lo que escribe, valga la tautología, y si a Vallejo le da por la metafísica de los materiales, qué le vamos a hacer. Lo sorprendente del caso es que unas páginas antes aparece un poema, que firma Apeles Fenosa, y cuya música estridente recuerda demasiado a Vallejo. 
Copio
el poema tal y como aparece en la revista, con todas sus peculiaridades, voluntarias o involuntarias:

He aquí que hoy saludo, me pongo el cuello y vivo,
superficial de pasos insondable de plantas.
Tal me recibo de hombre, tal más bien me despido
y de cada hora mía retoña una distanciA.

Queréis mas? encantado.

Políticamente, mi palabra
emite cargos contra mi labio inferior
y económicamente,
cuando doy la espalda a Oriente,
distingo en dignidad de muerte a mis visitas.

Desde ttttales códigos regulares saludo

al soldado desconocido
al verso perseguido por la tinta fatal
y al saurio que Equidista diariamente
de su vida y su muerte,
como quien no hace la cosa.

El tiempo tiene hun miedo ciempiés a los relojes.
                                    
 ○

(Los lectores pueden poner el título
que quieran a este poema.)

                   APELES FENOSA

Para alguien avezado en la exploración de la intrincada selva de Trilce -pero ¿cuántos lectores de esos podía haber cosechado entonces tan insólito libro?-, la broma estaba condenada al fracaso. Esos escasísimos lectores repararían, sin duda, en el inocente juego de identidades. Aunque Fenosa y Vallejo intercambien sus poemas, el acento vallejiano es inconfundible: las palabras, la sintaxis y la fragancia del poema delatan a su autor.
Eeste poema se incluyó póstumamente en los Poemas en prosa, lo que no deja de ser curioso: ubicar un poema en verso dentro de una colección de poemas en prosa (por si no fuera ya suficientes problema definir qué es un poema en prosa) acaso responda a algún oscuro misterio vanguardista, un misterio paralelo al que hizo que el conde de Lautréamont titulara Poesías su libro de aforismos. El humor, que no falte.

2 comentarios:

Francisco M. Ortega Palomares dijo...

En Vallejo todo es Vallejo. Si entras en su universo, no escapas. Hay quien nunca entra porque no encuentra la llave. Hasta para su humor hace falta esa clave.

Luis Valdesueiro dijo...

Cuánta razón tienes, Francisco.

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