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12.1.10

Estupidez

Somos testigos de la estupidez ajena, aunque la propia sea invisible a nuestros ojos. De ahí que, seducidos por un optimismo ciego, pensemos que nuestra vida discurre ajena a la estupidez. Si a nadie avergüenza reconocer que todos somos algo estúpidos, a pocos deja indiferente la sospecha de que alguien es testigo de su estupidez. En esto, como en tantas cosas, la razón sosiega, mientras que la imaginación, siempre loca, acaba metiéndonos en terrenos minados. Pero si es absurdo ignorar nuestras limitaciones,  no menos insensata es la estudiada vanidad de quienes se sienten glorificados por sus defectos.

4 comentarios:

zim dijo...

Ningún ser humano es lo suficientemente inteligente para comprender su propia estupidez (esto es algo que aprendí de Matthijs van Boxsel gracias a tu blog -además de algunas otras cosas- jajaja).

Buen año, Luis (exento de estupideces, al menos las que no sirvan para proporcionar algo de dicha ... que también las hay).

Luis Valdesueiro dijo...

Parece que nadie está libre de estupideces... Y acaso lo más estúpido -e inhumano- sea no haber cometido nunca una estupidez. Mis mejores deseos para este año, Zim. Saludos.

Joselu dijo...

En todo caso, la estupidez forma parte de nuestra historia personal. Hasta los sabios más profundos seguro que han hecho o dicho estupideces. Si yo pudiera borrar de mi vida las estupideces en que he sido protagonista... Pero a veces para que surja algo bueno es necesaria la estupidez, una cierta arrogancia tal vez.

Juan Poz dijo...

"Somos testigos de la estupidez ajena, aunque la propia sea invisible a nuestros ojos", de ahí el drama de quienes sólo tenemos ojos para la estupidez propia y somos demasiado generosos con la ajena, disculpándola o ignorándola. Cuando se vive siendo consciente de la propia ignorancia, de la estupidez, de la inepcia, y hasta de la falta de gracia, pero sobre todo de la endeblez conceptual y la formación mínima que a un ciudadano culto puede y debe exigírsele, ¿cómo pensar que "no tenemos ojos para la estupidez propia"? ¡Afortunados aquellos que consigan no verla! Quienes vivimos afectados por esta visión empírica estamos muy lejos de la complacencia en ella, algo que queda reservado para los auténticos zotes.

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