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22.11.09

¡Ojalá que os roben!



Sucedió en un vagón de metro, hace más de cinco años, dos días después de Reyes. Espectral, comenzó a hablar con un hilillo de voz... Algunos me conoceréis. Estoy enferma de sida y esta noche he dormido en la calle. ¡Así tengo la cara! Estoy enferma y no soy mala; yo no robo. Rostro cenceño, amarilloso. Paseó por el vagón su vaso de plástico, su indigencia, y ante la vana respuesta escupió una colérica maldición: Hasta ahora me daba pena que os robaran, pero ¡ojalá que os roben!, ¡ojalá que os veáis como me veo yo! El vagón se hundió en una sima de silencio... Vaharadas de culpa... ¡Torva miseria!


Si sólo se diera limosna por compasión, no quedaría un mendigo vivo; es la cobardía la que da limosna. Esto es, más o menos, lo que sostiene Nietzsche. No sé si tiene razón o no,  pero a nadie se le escapa que, en el metro, la compasión, a ciertas horas, o a todas horas, brilla por su ausencia; e incluso, visto lo visto, la cobardía. ¡Qué diferencia con lo que sucede a la salida de los bingos! El dinero que llega por azar, rompe las manos. 

4 comentarios:

zim dijo...

Hace tanto tiempo que no vivo en una gran ciudad ni uso el metro, que casi había olvidado lo que menudeaban las escenas que relatas. Sí, se palpaba desasosiego y desconfianza entre los pasajeros, alivio cuando la escena acababa ... casi nunca compasión. Inevitable tal vez asociar 'indigente' a 'delincuente', pero comprensible que, en un caso o en otro, esos individuos no encuentren ya dentro de sí otra cosa que maldiciones. Mantener la humanidad en esas situaciones de desarraigo y soledad sería cosa de héroes. La cara de nuestro mundo esconde durísimas cruces.

Saludos. (Creí haber comentado anoche, pero no debí acabar el proceso. Hoy he intentado repetir el comentario, y me ha salido otro distinto. Así somos, río que fluye)

Luis Valdesueiro dijo...

Lo cierto es que viajar en metro es siempre una experiencia. Y no siempre ha de ser desagradable.
Saludos

Aaoiue dijo...

El metro no sólo nos inmuniza propiamente contra los microbios que amenazan nuestra salud, sino que también nos va preparando para otras amenazas. Un día -si se me permite una anécdota- oí dos niños hablando latín. La alegría me duró poco, ya que enseguida advertí que se habían memorizado algunos sortilegios del Harry Potter. Cosa que tampoco está mal, se dirá.
"Desopilante" es palabra que usó una vez Ana Inés de Web-logueando, en mi blog, y que antes sólo conocía en la forma "opilación" de la letrilla de Quevedo, pero que como la palabra "cabe" debía ser incorporada a nuestro mundo.
Te enlazo a *A la flor del berro, Luis.
Saludos.

Luis Valdesueiro dijo...

Me he hecho un lío, Aaoiue: te contesté en el correo, creyendo, en mi ignorancia, que aparecería aquí el mensaje: y lo cierto es que no ha aparecido, ni figura como enviado en el correo. Bueno, venía a decir que, para los que lo usamos habitualmente, el metro es una escuela de observación.
'Desopilante' figura en la 22ª edición del DRAE, que consulto por internet; pero en la 19ª, que tengo yo, no figura.
También yo me he permitido enlazarte: tu blog es una caja de sorpresa.
Saludos

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