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21.10.09

Caraco o el caos

De vez en cuando, para llevarme la contraria, leo frases sueltas de Breviario del caos, de Caraco. Es curioso cómo puede llegar a atraernos aquello que nos repele. Este libro, pozo de luz y de tinieblas, es un pandemónium de ideas. Caraco, profeta de la nada, vierte en estas agónicas páginas toda su desesperanza y toda su rabia: "Hay que redefinir al hombre -escribe- y repensar el mundo, pero ya es demasiado tarde, incluso para soñar con ello." Tacharle de pesimista es puro optimismo. Caraco va más allá del pesimismo, más allá del nihilismo... Y así su discurso se convierte en sedienta guillotina. "Nuestros peores enemigos -se rebela- son aquellos que nos hablan de esperanza..." Y aunque no le falte razón, Caraco, por su parte, sólo invoca tinieblas, porque Caraco es -¡temblad "cioranes"!- el sumo sacerdote del caos, su gran profeta. Y en ese caos suyo, todo es perdición, y no es posible ni una brizna de ilusión. Hablar como habla Caraco, en un siglo XX netamente criminal, roza el delirio, el delirio cósmico. Y además de delirar, el discurso de Caraco es una velada invitación al suicidio, ese suicidio que él  ejecutó poco después de morir su padre. Este Breviario... pide ser leído en pequeñas dosis, y con espíritu homeopático, ya que si uno se excede en la medida, corre el riesgo de caer en las redes de su letal abstracción.

2 comentarios:

Francisco M. Ortega Palomares dijo...

Lo de Cioran lo tengo dicho, sólo era una pose intelectual:

http://contralosestudiosos.blogspot.com/2009/06/blog-post_14.html

A Caraco no lo he leído pero hago manda de hacerlo.

Luis Valdesueiro dijo...

Por lo que respecta al suicidio, la diferencia entre Cioran y Caraco es, según lo veo, que mientras a Cioran la idea del suicidio le ayudó a vivir, a Caraco le empujó a la muerte. (En Cioran la idea del suicidio era una especie de placebo para evitar matarse.)

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