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19.9.09

Sed

Hay una sed que con nada se sacia. Sabe a vacío, a ceniza y a dolor esa sed. Parece a veces que no existe, o que la olvidamos, pero ahí está, tan campante -agazapada y muda, silenciosa y terca- a la espera de algún sobresalto, del alguna grieta en nuestro ser por donde se filtre el agua de la existencia.

1 comentario:

Joselu dijo...

Hay una sed que nunca se sacia, es cierto, la sed de plenitud, de infinito, de absoluto, pero aprendemos en la vida a sustituirla por placeres más sencillos que en su microinfinitesimal dimensión nos conectan también con algo parecido a aquello. Quizás sean aquello y esa plenitud se perciba de modo inconsciente. Tal vez.

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