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18.9.09

Peligros de la constancia

Laudable como es, la constancia se vuelve un peligro si es constancia en el error. Algo así dice Montaigne en uno de sus ensayos. La idea es antigua, ¿y qué idea no lo es? Antigua y con vocación esotérica, ya que pone el énfasis en la recta senda y no en la férrea voluntad. ¡Paradójica constancia! Cuanto más nos empeñamos en algo, si estamos en el error, más nos alejamos de ello. Eso mismo lo expresó Séneca al comienzo de su tratado Sobre la felicidad, felicidad a la que todos aspiramos, aunque nos sea esquiva. Cuanto más afanosamente la buscamos, viene a decir el filósofo hispano, más nos alejamos de ella, si hemos errado el camino; y la misma prisa que nos damos en alcanzarla, acrecienta la distancia. ¡Ah!, pero ¿cómo reconocer el camino? Séneca tiene razón, y Montaigne también. Pero seguro que también la tenemos cuantos descubrimos el verdadero camino a costa de nuestros errores y nuestra ignorancia. Es evidente que para el común de los mortales la sabiduría sólo llega, si acaso llega, al final del camino, incluso si es erróneo. 

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