Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

14.9.09

¡Oh, Bartleby!

Uno de los personajes más oscuros de la literatura occidental es, sin duda, Bartleby, el escribiente. El genio de Melville supo encarnar en él un misterio trágico: la soledad.


El narrador, que no es otro que el abogado para quien trabaja Bartleby de escribiente, nos informa de que éste jamás habla (salvo para contestar); jamás lee (ni siquiera el periódico); no bebe cerveza, ni té, ni café; nunca va a ninguna parte, no dice quién es ni de dónde viene. Ajeno al mundo, Bartleby no siente curiosidad por cuanto le rodea, no le interesa nada. Rehuye el trato con sus colegas y frustra cualquier intento de diálogo. Su respuesta a cualquier demanda es preferiría no hacerlo. Bartleby no expresa alegría ni pena... ni siquiera una opinión. Todo le es indiferente. Se aísla, se refugia en su vacío, desprecia el poder de la palabra. Y, de este modo, destierra de su corazón toda esperanza. No pide ayuda, anclado en su austera reserva. Nada le afecta. Las virtudes que el abogado pondera en su empleado -constancia, incesante laboriosidad, talante inalterable- son el resultado de la pura mecanicidad, de la absurda fusión con legajos y manuscritos. Él es el primero en llegar al despacho y el último en salir; de hecho, no se mueve del despacho, vive allí. Al romper todo vínculo de unión con el mundo, Bartleby se niega a sí mismo. Náufrago en la desidia, en la desesperanza inane, desdeña toda ayuda y se aferra a un estar solo entre los otros.


La historia de Bartleby, desde que empieza a trabajar en Wall Street, es un lento suicidio que desemboca en una muerte real. Bartleby no es un necio, ni padece enfermedad alguna. Su mal es otro. «Podría yo dar limosnas a su cuerpo -se justifica el narrador-; pero su cuerpo no era lo que le dolía; era su alma la que sufría, y a ella no podía llegar.» Ese mal se hace patente en la fascinación que le deja postrado ante la realidad, le sustrae la voluntad y le incapacita para hacer o, lo que es más grave, para querer hacer. Bartleby es incapaz de querer y no encuentra ningún sentido a la vida. Ha perdido su propio centro, y sucumbe como el vencido que se entrega mansamente a la derrota. Pese a todo, Bartleby no es un suicida; sencillamente, sin matarse, se deja morir, ajeno a su muerte, ahíto de hastío, solitario.


Contrapunto de Bartleby, el abogado es una persona de gran riqueza interior, sensible a la presencia y rarezas de Bartleby. Se debate entre estados de ánimo contrarios y sentimientos opuestos. Experimenta piedad, lástima, compasión, incluso desesperanza. Y movido por sentimientos religiosos, lejos de desesperar, el abogado encuentra un sentido a la extraña relación que mantiene con Bartleby, aceptándola como una prueba de Dios: «A otros quizá les toquen papeles más sublimes, pero mi misión en este mundo, Bartleby, es proveerte de una oficina durante el tiempo que te parezca oportuno.» Pero ambos viven en mundos paralelos: el abogado lucha y duda, Bartleby se entrega al vacío y al mutismo. Ese mutismo que le aleja de la compasión ajena, dejándole a solas con su terrible soledad.

En La Primera Piedra, nº 3 (2003)

9 comentarios:

Francisco M. Ortega Palomares dijo...

«Nada exaspera más a una persona seria que una resistencia pasiva», confiesa Ginger Nut, personaje que encarna a un abogado en el relato de Melville, Bartleby, el escribiente. Algo que es como ungüento para supervivientes.

Joselu dijo...

Suelo poner este relato como lectura en cuarto de ESO a los alumnos más despiertos, pero observo que Bartleby no les evoca otro comentario más allá de que está zumbao. No lo entienden -yo tampoco- pero no ven en su nihilismo ninguna marca especial. Quizás detrás de Bartleby no hay nada y nosotros nos obstinamos en encontrarle un sentido. Hay tanta gente así, pero no tan genial como para encontrar una frase que lo defina como la suya. ¡A quién no le hubiera gustado ser Bartleby y decir preferiría no hacerlo?

Joselu dijo...

Es un coñazo esperar tu aprobación para publicar en tu blog. Pero bueno si prefieres esperar por si alguien se mete con motivos no claros. Es tu elección. Un cordial saludo.

Luis Valdesueiro dijo...

Pues tienes toda la razón, Joselu. No tiene sentido poner la venda antes de la herida.

Luis Valdesueiro dijo...

Mil disculpas, Joselu, he visto antes la recriminación que el comentario. Mea culpa. Bartleby, según yo lo veo, sería un anti-modelo, como el Mersault de Camus: alguien cuya vida es ajena a cualquier creatividad; vive su vida como si su vida fuera una cadena de montaje.

Joselu dijo...

Me salió como recriminación, pero no pretendía serlo. Llevo cuatro años con un blog y creo que sólo en una ocasión, que lamenté luego, borré un comentario. La gente se comporta y es respetuosa. Siempre queda la opción del borrado, pero queda más abierto si el comentario es espontáneo e instantáneo. Un cordial saludo. Por Bartleby, uno de los personajes más geniales de la literatura.

Luis Valdesueiro dijo...

Gracias, Joselu, por tu experiencia compartida.

Anónimo dijo...

Perdón por un comentario de mosca cojonera que, obviamente, preferiría no hacerlo, pero es Wall Street, no Walt Street, a no ser que la Disney también se haya hecho con los derechos de la marvelous calle...

Luis Valdesueiro dijo...

Muchas gracias, Anónimo, por tu observación. A veces no sabe uno dónde tiene la cabeza.

Publicar un comentario

Gracias por tu comentario.
Contestaré si tengo algo pertinente que añadir.