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10.9.09

Las secretas intenciones

La intención es secreta, igual que la experiencia. Nadie puede conocer las intenciones ajenas, si acaso adivinarlas. Aunque juzguemos los actos, es imposible llegar al fondo de los actos mismos. Pero las intenciones no sólo son un secreto para los demás, a veces lo son incluso para nosotros mismos. Por esa razón, los actos no son unívocos, admiten diversas interpretaciones, como ilustra la anécdota protagonizada por Ismenias de Tebas, y que recoge Claudio Eliano: durante su embajada ante el rey persa, Ismenias solicitó entrevistarse con él. Titraustes, el oficial encargado de introducir a las legaciones ante el rey, le advirtió de una costumbre persa: nadie puede hablar al rey si antes no se ha postrado ante él. Ismenias rechazó el ofrecimiento de Titraustes para tratar los asuntos con él, e insistió en ser conducido ante el rey. Cuando estuvo en su presencia, se quitó el anillo y, sin ser visto, lo dejó caer. Acto seguido, Ismenias se agachó a recoger el anillo; el rey quedó complacido por su sumisión, pero Ismenias sabía que no había hecho nada que pudiera avergonzar a un griego. El rey nada supo de la intención, sólo vio el acto.

2 comentarios:

Juan Poz dijo...

Ismenias "sí sabía" que había hecho algo que avergonzaría a cualquier griego... A su manera, lo mismo podría decirse del "cortés" Zapatero, dispuesto, por cortesía, a callar y otorgar ante Berlusconi: Calló, pues, cuando no debía; porque la cortesía ha de tenerse con la verdad, ¿o no?

Luis Valdesueiro dijo...

En efecto, sabía que habia "hecho" algo vergonzoso, pero a la vez sabía que el sentido de lo que había hecho no podía ser el mismo para él que para el rey. (Otro problema es el del silencio. Los hechos, vistos desde fuera, sólo admiten un sentido; pero el silencio, visto desde fuera, los admite todos...)

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