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5.7.09

Sócrates y la sabiduría

Hay frases proverbiales nunca dichas. Nunca dichas, al menos, por aquel a quien se le atribuyen. Esas frases, pese a ser apócrifas, atraviesan los siglos y millares de voces las repiten. Una de estas frases, clara y concisa, se le atribuye al Sócrates platónico: "Sólo sé que no sé nada." La frase es rotunda y sedante: si toda la sabiduría de Sócrates no le da para saber algo, nuestra ignorancia no será tanta. Lo que Sócrates afirma, como veremos, es algo diferente: cuando no sabe, ni sabe ni cree saber. Ese es el fruto de la indagación que llevó a cabo tras la osadía de su amigo Querefonte, al que no se le ocurrió otra cosa que plantarse en Delfos y preguntar al oráculo si había alguien más sabio que Sócrates. La pitonisa le respondió que no. Respuesta que causó gran confusión en el ánimo de Sócrates: él sabe que no es sabio ni poco ni mucho, pero al mismo tiempo sabe que no sería lícito que el oráculo mintiera. ¿Qué quería decir el oráculo? A fin de aclarar sus dudas, Sócrates inició una pesquisa. Se dirigió a uno de los que parecían ser sabios, con la secreta intención de que realmente lo fuera, y poder refutar así el aserto del oráculo. Pero Sócrates descubrió  que ese hombre, al que muchos creían sabio, y lo creía él mismo, no era tal. Creía ser sabio y no lo era. Sócrates se reconoció entonces más sabio que ese hombre, aunque no le costaba aceptar que ni uno ni otro sabían nada que tuviera valor, pero... (y aquí llega Sócrates al meollo del asunto, por lo que le cedemos la palabra): "... este hombre cree saber algo y no lo sabe; en cambio yo, así como, en efecto, no sé, tampoco creo saber. Parece, pues, que al menos soy más sabio que él en esta misma pequeñez, en que lo que no sé tampoco creo saberlo."  (Apología de Sócrates, 21c-21d. Editorial Gredos. Traducción de J. Calonge, E. Lledó y C. García Gual.)
¿Ergo...?

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