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11.7.09

Abanico, bota y botijo

Se resisten a perecer. Después de tanto calor (la calor maldita) y de tanta sed (de agua o vino) como han saciado, se resisten a perecer. Se resisten, digo, porque, salvo el abanico, están a un paso de la extinción, aunque aún no han muerto; y mientras hay vida, queda esperanza. Pero no todo está perdido: el otro día, sin ir más lejos, unos obreros del Plan E adoraban al botijo en Colón; y, por otra parte, Sánchez Dragó, sañudo defensor de esencias patrias, afirma que nunca viaja por el mundo sin su bota, su bota de buen vino. Así, pues, no está todo perdido.

(El que sí está muerto, y bien muerto, es el porrón... Descanse en paz, que bien se lo merece.)

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