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15.5.09

Manos arriba

A la realidad le gusta fabular. Y a veces sus invenciones rizan el rizo. Buena prueba de ello es el caso de ese ladrón, de treinta años, que se coló por la chimenea en un chalé vacío de un pueblo sevillano. El descenso resultó imposible, y también imposible resultó el ascenso: el infortunado ladrón se quedó atascado: ni para arriba, ni para abajo. Si gritó, nadie le oyó. Su agonía, agonía en vertical, debió de durar varios días. ¿Qué terribles pensamientos atravesaron su cabeza prieta mientras se le iba la vida por un error de cálculo? Según declaró el dueño del chalé, por encima de la chimenea sobresalían las manos –manos arriba, manos muertas– del frustrado ladrón. ¡Terrible paradoja!

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