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3.5.09

El ojo del destino

De entre las muchas historias de la vida cotidiana que Ringelblum recogió en el gueto de Varsovia, espigo la siguiente, por su sencillez, terrible sencillez:
«Un oficial visitó a una familia judía con la intención de llevarse sus cosas. La mujer se puso a llorar y a lamentarse porque es viuda y tiene un hijo a su cargo. El oficial le dijo que no se llevaría nada si adivinaba cuál de sus ojos era artificial. La mujer adivinó que el izquierdo. Cuando le preguntaron cómo lo supo, respondió: ‘Porque parece humano’». (Crónica del gueto de Varsovia)

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