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3.4.09

Preguntas sin respuesta

A veces las preguntas son gritos sin respuesta. Lanzadas al vacío, las preguntas buscan un sentido. Exentas de retórica, aunque no de rabia y dolor, mucho dolor. Preguntas que chocan contra el acero de la realidad, y que no obtienen respuesta: la realidad, dura ley, es su respuesta. Nada colma el ansia de la pregunta, nada abre la boca del silencio. Preguntas que zigzaguean entre miles de sospechas humillantes. Pero no hay respuesta. Las sospechas son el azogue de las preguntas. Sólo la realidad es la respuesta. Pero es tanto lo que cuesta comprender la desnuda realidad, que se vuelven inevitables las preguntas: eterna cantinela de la desolación.

Esta digresión surge de la relectura del siguiente fragmento de la Crónica del gueto de Varsovia, en el que Emanuel Ringelblum convierte su desolación en una retahíla de preguntas sin respuesta, aunque tal vez encontrara su particular respuesta durante el levantamiento del gueto, en el que perdió la vida:

Varsovia, 15 de octubre de 1942.

¿Por qué?
¿Por qué no hubo resistencia cuando se inició la deportación de 300.000 judíos de Varsovia? ¿Por qué se dejaron llevar como ovejas al matadero? ¿Por qué le resultó al enemigo tan sencillo, tan fácil? ¿Cómo es posible que los verdugos no sufrieran ni siquiera una baja? ¿Por qué cincuenta hombres de la SS (hay personas que sostienen que eran todavía menos), con la ayuda de un destacamento de doscientos ucranianos y otros tantos letones, pudieron llevar a cabo la operación de forma tan sencilla?

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