Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

13.4.09

De la esperanza

Las esperanzas se oxidan. Su brillo ―desafío al tiempo y a la nada―, amarillea, claudica. La esperanza es la flecha que no alcanza ningún blanco. Sólo desde la más absoluta desesperación puede la esperanza erigirse en tótem que vigila nuestros deseos. La esperanza es nuestra tabla de salvación; y tantas veces nos aferramos a ella con furia, y no por ello la salvación es posible, aunque ese abrazo nos haga creer que es inevitable. Nos hacemos trampas a nosotros mismos, pero esas trampas nos ayudan a seguir viviendo. Porque la esperanza es, pese a todo, heraldo de la vida: cuando desaparece, cuando la desesperación nos arrebata ese don, caemos del lado de la muerte y renegamos de la vida, por odio a la vida que vivimos. Pero la desesperación (enfermedad mortal que no mata, según Kierkegaard) no es eterna, dura lo que dura. Y basta a veces la luz del sol para que esa fiebre negra nos abandone. Pero hay una pregunta inevitable: ¿es posible vivir sin esperanza, morir sin desesperación? Acaso el secreto de la verdadera vida sea ése: vivir sin esperanza, morir sin desesperación. Vivir al dictado de la vida, morir al amparo de la muerte. Nada más. (Páginas de un diario. Lunes, 15/9/03.)

En La Primera Piedra, nº 5 (2004).

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por tu comentario.
Contestaré si tengo algo pertinente que añadir.