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30.4.09

Don Juan o el arte "ginecético"

DON JUAN
Juro, ojos bellos,
que mirando me matáis,
de ser vuestro esposo.


TISBEA
Advierte,
mi bien, que hay Dios y que hay muerte.


DON JUAN
¡Qué largo me lo fiáis!
Y mientras Dios me dé vida,
yo vuestro esclavo seré.
Esta es mi mano y mi fe.


(Tirso de Molina, El burlador de Sevilla y convidado de piedra, vv. 940-947. Cátedra, edición de Joaquín Casalduero)


***

La altanería de don Juan es una altanería suprema; a nada le teme, ni a Dios ni a la muerte. De ahí su estribillo bravío: ¡Qué largo me lo fiáis! Don Juan no teme porque vive en la inmediatez más absoluta, en el vórtice del instante. El futuro no existe para él, y el pasado ha muerto, lo que cancela el pesar y el remordimiento. Entregado a la pura eternidad del presente, Don Juan no recuerda el pasado ni anticipa el futuro. Por esa razón, nada teme. El presente es su edén, su única realidad. Bestia con anteojeras, sólo ve y adivina lo que tiene delante de los ojos. Don Juan es un cazador contumaz, siempre en guardia: el arte "ginecético" le absorbe plenamente. Incapaz de ver más allá de su deseo, su deseo es el único horizonte de su vida. No hay nada en ella que se sustraiga a ese designio.

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