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6.4.09

Algunas respuestas al ¿por qué? - Continuación

Creo recordar que lo primero que leí sobre los Sonderkommando (que, como aclaran Mesnard y Saletti en la introducción, es palabra que designa a la vez al equipo especial y a los miembros de ese equipo) fue en Los hundidos y los salvados, de Primo Levi. Alli hablaba Primo Levi de la zona gris, ese zona en la que situaba a los prisioneros que se veían forzados a colaborar con los nazis en las labores de exterminio. Así lo explica Primo Levi:

Un caso límite de colaboración está representado por los Sonderkommandos de Auschwitz y de los otros Lager [campos] de exterminio. Aquí uno duda si hablar de privilegio: quien formaba parte de ellos era privilegiado (¡pero a qué precio!) sólo por el hecho de que durante algún tiempo comía lo bastante, lo que no supone que pudiera ser envidiado por ello. Con esta denominación debidamente vaga, “Comandos especiales”, las SS designaban los grupos de prisioneros a los que se confiaba la gestión de los hornos crematorios. A ellos correspondía mantener el orden entre los recién llegados (a menudo del todo inconscientes del destino que les esperaba) que debían ser conducidos a las cámaras de gas; extraer los dientes de oro de las mandíbulas, cortar los cabellos femeninos; seleccionar y clasificar las ropas, zapatos, el contenido de los equipajes; transportar los cuerpos a los crematorios y supervisar el funcionamiento de los hornos; sacar y eliminar las cenizas. El Comando Especial de Auschwitz contaba, dependiendo de las épocas, entre 700 y 1000 efectivos.

Pues bien, el mismo día de su llegada al campo, el 8 de diciembre de 1942, Gradowski es seleccionado para el Sonderkommando y buena parde de su familia es gaseada e incinerada. A ellos les dedicará el primero de los dos manuscritos que componen la obra, y que fue desenterrado, en los alrededores de Birkenau, poco después de terminar la guerra. La dedicatoria impresiona por su rotunda sencillez: Dedicado a mi familia que fue quemada en Auschwitz-Birkenau: Mi esposa – Sonia. Mi madre – Sore. Mi hermana – Éster-Rojl. Mi hermana – Luba. Mi suegro – Refúel. Mi cuñado - Volf. Pocos libros habrá que tengan un título tan acorde con su contenido: En el corazón del infierno. El relato de Gradowski está escrito desde el infierno mismo, y más que de recuerdos habla de presencias. Cuesta imaginar que alguien en sus circunstancias, y salvadas las dificultades materiales, tuviera la presencia de ánimo necesaria para escribir. Pero se ve que existe el más difícil todavía, y que la voluntad de dar testimonio puede llegar a ser irrefrenable. Si Klemperer parece osado, ¿qué decir de Gradowski? Lo que queda claro es que a ambos les mueve un mismo deseo: ser notarios de la tragedia.
Gradowski fue asesinado el 7 de octubre de 1944, durante la rebelión del Sonderkommando, de la que era uno de los cabecillas.

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