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4.3.09

Las palabras se las lleva el viento...

Éso era antes. Antes quedaba lo escrito, ahora queda también, y de qué manera, lo dicho. Y lo dicho puede ser repetido una y mil veces. Milagros de la técnica. (¿Quién no oyó decenas de veces vociferar ¡A la mierda! al finado Fernán Gomez. A la mierda y punto, fuera adornos, que un gran actor no necesita muletillas: con tres palabras lo llena todo.)

Pero ¿quién no comete errores? Errores de palabra o de escritura. Con estos errores hay que ser condescendiete. Un error no es un pecado. Para que haya pecado tiene que haber, según Kierkegaard, persistencia en el error, es decir, método. Como apuntaba antes, lo escrito es lo que siempre había quedado, y una de las formas benignas del error es la errata. "Las erratas, escribió Ramón, son las hermanas de las ratas." (La superstición de la rima es capaz de producir estragos, aunque más se perdió en Cuba.) La caza de la errata es un deporte divertido. Y nunca han faltado rastreadores. Evaristo de Acevedo fue uno de ellos. En uno de sus libros recogió una errata singular: en un titular, publicado en un periódico de provincias, se mencionaba la consecución de no sé qué objetivo "gracias al culo del obispo". El celo de alguien estuvo ausente. (Antiguamente se hablaba de los duendes de la imprenta, pero más que de duendes habría que hablar de diablos, diablos cabrones. Aunque también hay diablos traviesos que producen erratas graciosas y risueñas, erratas dadaístas, como la que figura en Los nietos del Cid, de Andrés Trapiello: El pro- [salto de línea] pio pio Baroja fue uno de ellos. (¡Ojo con la pronunciación!). ¿Y qué decir de la que figura en un libro de Jean Guitton, que habla de los diálogos platónicos "sobre la muerte y sobre el mar"? Pecados veniales, y graciosos por demás, aunque sea involuntariamente.

¿Y a que vienen todas estas digresiones? Vienen a que ayer el presidente del Gobierno cometió un lapsus linguae de esos que estudió Freud en su libro más entretenido, Psicopatología de la vida cotidiana, uno de esos lapsus condenado a durar para siempre. Milagros de la técnica. Lapsus muy comprensible, no cabe duda. Hablaba el presidente de fomentar el turismo. Quién sabe lo que le rondaba por la cabeza, pero se ha hablado tanto del turismo sexual que no es extraño que dijera follar donde quiso decir, y dijo con presteza, apoyar. Pero poco antes había hablado de estimular. Y más tarde volvió a la carga con envergadura. Con lo que acabó metido de hoz y coz en un campo semántico viscoso, pleno de lubricidad. Pero la cosa quedó muy natural. (El "¡tierra, trágame!" no se notó en absoluto.) Lo que hace recordable este lapsus es el contexto: una rueda de prensa ante el presidente de Rusia. (Por cierto, ¿tradujo el intérprete el follar de marras?) En cualquier caso, seguramente Rusia es un buen sitio para holgar. Con inocencia.

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