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26.3.09

La selección natural

Se celebra este año el 150 aniversario de la publicación de El origen de las especies. Según la acepción cínica del término, Darwin es un clásico: se le admira sin leerle. No han faltado quienes pusieron en sus teorías la fe que suele reservarse para la religión; ni quienes defendieron, al socaire de sus teorías, la razón de la fuerza.
Colgarse de los brazos de una teoría, como si fuera un absoluto, no está muy acorde con la evolución de la ciencia. El tiempo no se detiene por nada ni por nadie. Y si la Tierra dejó de ser el centro del universo, tampoco lo es el Sol, aunque no cabe duda de que, hoy como ayer, el oro sigue siendo el sol de los metales, según Joubert.
Releyendo a Lichtenberg encuentro un aforismo que habla del hombre y el mono. El cáustico aforista, catedrático de ciencias naturales, escribió, mucho antes de que Darwin publicara su famoso libro, lo siguiente: “Entre todos los animales del mundo, al que más se aproxima el hombre es al mono.” (Aforismos, B, 107.)
(Mientras escribía estas palabras, veía por la ventana a dos perros que intentaban copular sin conseguirlo, ya que los dueños acudieron raudos en su "auxilio". Esta visión me ha traído un recuerdo cruel de la infancia: el apaleamiento de los perros que copulaban, que tanto alborozo producía en los muchachos. Cruel recuerdo. Pero los perros ya no son lo que eran... Si algún chucho pagaba entonces muy caro su instinto lúbrico, hoy lo que paga caro es la abstinencia sexual.

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