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25.2.09

Aforismos de Jules Renard

Selección, traducción y nota de Luis Valdesueiro
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Durante veintitrés años, la mitad de su vida, Jules Renard (1864-1910) llevó un diario. A diferencia de otros afamados diaristas -Joubert, Amiel-, el diario no fue la obra de su vida, aunque no falta quien le considera su obra maestra. Para él, al contrario, un diario ni siquiera es una obra. El 1 de enero de 1901, despide quejas contra él: «Este diario me vacía.» Para entonces ya había aparecido Pelo de zanahoria, su novela más famosa, a la que seguirá años más tarde un bestiario -Historias naturales- en el que la imaginación se pone al servicio de la zoología más trivial. Su Diario es el recuento cotidiano de su vida y pensamientos. Como si se tratara del desván de su alma, en él encontramos un poco de todo: anécdotas, retratos, confidencias, sentimientos, caricaturas, lamentaciones, aforismos... Y esas anotaciones incesantes se erigen en espejo fiel de su ingenio, su ironía, su envidia y su humor amargo. Gómez de la Serna le tuvo por precursor de la greguería. Algunos críticos le considera un maestro de la expresión condensada y la página perfecta: Léon Guichard, por ejemplo, ha escrito que muchos de sus textos no sólo son poemas en prosa: son, junto con los de Francis Ponge, el modelo mismo del poema en prosa. De la mina de inagotable riqueza que es el Journal (1887-1910), arrancamos estas piedras preciosas del pensamiento y la poesía.

AFORISMOS

El trabajo piensa, la pereza sueña.

El estilo es el olvido de todos los estilos.

El crítico es un botánico; yo soy un jardinero.

Es preciso que el hombre libre se tome a veces la libertad de ser esclavo.

Pensar es buscar claros en un bosque.

¡Que la mano que escribe ignore siempre al ojo que lee!

No somos felices; nuestra felicidad es el silencio de la desgracia.

¡Sé modesto! Es la clase de orgullo que desagrada menos.

Sus ojos duermen como dos pájaros.

De nada sirve morir: hay que morir a tiempo.

La palabra es la excusa del pensamiento.

El miedo es una bruma de sensaciones.

La prudencia sólo es una cualidad: no hay que hacer de ella una virtud.

La luna nos mira con su monóculo.

¡Qué tranquilo! Oigo todos mis pensamientos.

Amo la soledad, incluso cuando estoy solo.

El ensueño es el claro de luna del pensamiento.

El ideal: un sueño preciso.

No hay que decir toda la verdad, pero hay que decir sólo la verdad.

Mi imaginación es mi memoria.

Poeta, no busques otra cosa: has sido creado y puesto en el mundo para ser la conciencia de todo aquello que no la tiene.

El pájaro, ese fruto nómada del árbol.

El pájaro enjaulado no sabe que no sabe volar.

Escribir es casi siempre mentir.

Queremos vida en el teatro y teatro en la vida.

Un poco de odio purga la bondad.

La noche: el día que se vuelve ciego.

Pereza: costumbre de descansar antes de cansarse.

El horror que tengo por la mentira ha matado mi imaginación.

Envidioso por momentos, nunca tuve paciencia para ser ambicioso.

Todo cansa, salvo los sueños, que son la vida inmaterial.

Ensoñación: el pensamiento que se nutre de nada.

Hay que vivir para escribir y no escribir para vivir.

En Poesía, Por Ejemplo, nº 9 (1998).

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